jueves, 14 de marzo de 2013

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El marketing viaja en taxi

El sector del taxi es para unos un conjunto de conductores profesionales dispuestos a llevarnos a nuestro destino cuando y donde sea, mientras que para otros es una pandilla de bandoleros, herederos de los siete niños de Écija, dispuestos a hacernos un siete en la cartera al menor descuido. Independientemente de opiniones, es un gremio que se está aplicando mucho en lo que a servicio al cliente y técnicas de marketing se refiere.

Además de la función principal del taxista, que es llevarnos de A a B, hay una atención al cliente que se se basa en la complicidad entre conductor y pasajero. Aquí es donde entra la típica solicitud de "un lugar donde tomar una copa esta noche, que soy de fuera". El chófer segmentará perfectamente el perfil del pasajero y le trasladará al bar de moda de la zona chic de la ciudad, al barrio de las banderas arco iris, o a otro tipo de locales más enfocados a combatir la soledad del forastero. Esto está tan extendido que hasta en la propia revista de la Gremial del Taxi, determinados locales ofrecen una comisión a los taxistas por llevar a sus clientes allí.


Quitando esa complicidad más o menos encubierta, hay otros servicios a la vista de todos que hace años ni hubiésemos soñado: pago con tarjeta o paypal, silla para niños y bebés, enganche para remolque, transporte de bicicletas, conexión a internet gratuita, servicios para minusválidos, posibilidad de elegir vehículo de alta gama, promociones en las que regalan entradas para el cine, etc.

Pero hay un servicio, que es el que origina este post, de lo más económico, resolutivo y limpio, sobre todo para el dueño del taxi: las bolsas para vomitar. Bien sea por un embarazo, por una ensaladilla rusa en mal estado o por unos gintonics mal combinados, es posible que nos encontremos ante la desagradable necesidad de vomitar, sin tiempo de salir del vehículo. El intrépido taxista, ante la posibilidad de ver reducida involuntariamente su jornada laboral, rápidamente nos acercará una bolsa donde poder desahogarnos. No es una bolsa de cartón corriente, como las de los aviones, sino que además de unas sencillas instrucciones, incluye en su interior una serie de minúsculas bolas, similares a las que acompañan los productos electrónicos, que tienen la capacidad de absorber y neutralizar el olor. Y, como cualquier superficie es buena para anunciarse, entre arcada y arcada nos vamos quedando con el teléfono del taxi para futuras ocasiones, o con la dirección de una página web de acaloradas chicas, a juzgar por el vestuario o por la falta del mismo .

Gracias a este sistema, conductor y pasajero podrán continuar su jornada, siendo conscientes de que, en determinadas situaciones, el papel todavía tiene mucho que decir respecto a las nuevas tecnologías.