jueves, 30 de abril de 2015

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Sofistas del siglo XXI

Por Llorente
Una de las profesiones que deberían tener en cuenta los jóvenes como salida laboral para su futuro es esa que consiste en dar charlas como formador sobre muy distintos aspectos de la vida laboral o personal, sobre todo laboral, que se suelen resumir con algún nombre (por supuesto en inglés) que resulte sugerente, como coaching o algo similar.

Más allá de que muchas de esas charlas sean auténticas chorradas, no deja de tener su mérito ponerse delante de un grupo de personas y explicarles cómo deben orientar su vida, organizar su trabajo, mejorar su rendimiento o afrontar las vicisitudes existenciales sin saber ni siquiera si necesitan nuestros consejos o si al menos les importan. Qué más da. Lo importante es hablar bien y engatusar. Puro sofismo.

Pero que es una oportunidad laboral fabulosa lo refleja el hecho de que empresas reacias a facilitar a sus empleados la formación en cuestiones prácticas como idiomas, ofimática o estudios reglados, no escatimen a la hora de contratar cursos sobre inteligencia emocional, gestión del cambio u organización del tiempo.

Quizás sea porque es una manera encubierta de recordarle al lacayo lo malo que es. A alguien que no sabe alemán o desconoce de Excel hasta si se escribe con una o dos eles, se le puede decir que tiene esas carencias sin que se ofenda, porque son objetivas. Más sutil hay que ser para reprocharle que es un antipático, que no rinde o que no se entiende ni la mitad de lo que escribe, así que no hay como matricularlo en unos cursitos sobre trabajo en equipo, gestión del tiempo o comunicación escrita.

Sería curioso poder comprobar el efecto en sentido contrario si desde abajo les llegasen a los jefazos propuestas para asistir a “Cómo no ser un déspota tirano” o “Gánese el respeto de sus empleados ahora que todos le toman por el pito del sereno”.

En cualquier caso, nos iría mejor si dedicásemos más tiempo al estudio serio y constante que a las arengas motivacionales con efectos de breve caducidad

10 comentarios:

  1. Antes de hacerlo me plantearía varias cosas:
    1. Es mi razonamiento al exponer ciertas pautas de comportamiento, racional?
    2. Tengo yo razón y estoy plenamente convencida?
    3. Debe mi pensamiento individual determinar la conciencia pública, social o laboral?
    4. Responden mis razonamientos al exponer dichas pautas, al interés general?

    Sinceramente, yo no sabría ni vender melones en un mercado.

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    1. Llorente1/5/15 10:09

      Es usted una kantiana de tomo y lomo, Nago. Lo cual es un enorme halago, aunque no lo parezca.
      Sus dudas son una interesante prueba de honestidad que todo el que pretende formar a otro en algo debería hacerse.

      Un saludo

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  2. Pues no sé, pero a mí este tipo de cosas suelen gustarme. Me encanta todo el tema de la inteligencia emocional, y cuando he ido a alguna de estas charlas he salido con una alta dosis de optimismo y energía. Es cierto que pueden perder su sentido si son obligatorias y encima tienes que tragarte varias al año, pero hay momentos en los que vienen bien y pueden ayudar.

    A mí me encantaría dedicarme a eso, pero no tengo tanta seguridad en mí misma y me plantearía las preguntas que Nago se hace.

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    1. Llorente1/5/15 10:14

      Es cierto que los asistentes suelen salir contentos y motivados, pero no lo es menos que el efecto suele durar hasta que se vuelven a sentar en su puesto de trabajo. Sin embargo, si ese tiempo se dedicase a aprender, por ejemplo, un idioma, quedaría para toda la vida y aportaría algo al currículum.

      Un saludo.

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  3. Es un parida y un sacadineros. Los que imparten este tipo de cursos suelen ser unos vendecacerolas no caracterizados precisamente por su brillantez intelectual. Si valieran para algo, no estarían haciendo eso.

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    1. Llorente1/5/15 10:16

      Es usted muy injusto. Los vendedores de cacerolas nos ofrecen productos imprescindibles en la cocina y, a veces, a muy buen precio.

      Un saludo.

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  4. Anónimo2/5/15 22:39

    Sr. Llorente no sea tan duro con los profesionales que imparten estos cursos. Bien es verdad que la mayoría parecen telepredicadores vendebiblias pero consiguen que las empresas los contraten para que arenguen a sus trabajadores y consigan estar en paz con el niño que llevan dentro.

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  5. Coaching; dícese de una cosa que ahora parece estar de moda que consiste en lo que habéis explicado(resumido es orientar la vida de los demás y decirles lo que tienen que hacer) y que también parece ser que cualquiera está capacitado para impartir.

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  6. Llorente4/5/15 19:28

    Créame, Sr. Anónimo, no he sido duro. Al revés, en el fondo soy un blando que siempre dulcifica en el papel lo rancio de su pensamiento.

    Lo más importante, Sr. Jalbert, al final, es dar con un nombre que engatuse como la melodía del flautista de Hamelin. Pura mercadotecnia.


    Saludos.

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  7. Lo que deberíamos preguntarles a los que imparten coaching y esas mierdas es: ¿tú de dónde coños has salido?, ¿qué equipos has dirigido?, ¿qué currículum tienes?, ¿qué formación has tenido?, ¿qué legitimidad, no moral si no profesional, tienes tú para darme a mí consejos de cómo ser un buen directivo o un buen empleado? Si las respuestas son sólidas, es decir si ese tío sabe más que yo o tiene más experiencia, estoy dispuesto a escucharle. Pero no se suele dar el caso.

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