jueves, 14 de mayo de 2015

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Cómo ahuyentar al votante con una frase

Por Llorente
Si estos días se sienten observados mientras caminan por la calle, no piensen que van a ser víctimas de los bromistas de cámara oculta o que empiezan a desarrollar manías persecutorias. No, sólo se trata de que ha comenzado la campaña electoral y vallas y farolas se decoran con rostros embaucadores de tipos llamados candidatos que nos miran fijamente pidiendo, exigiendo, nuestro voto.

Pero voy a prescindir de esos rostros para centrarme en los lemas que los acompañan y con los que intentan convencernos, o eso se supone, para que los elijamos en las urnas. Mal van.

“Soluciones justas” es lo que nos prometen los socialistas. La primera vez que lo leí, sin maldad, pensé en “soluciones, las justas”, es decir, más bien escasas. Poco convincente.

Ciudadanos apela al cambio, añadiendo al topónimo de la ciudad en cuestión la coletilla “pide el cambio”. Podían habérselo currado un poco más, teniendo en cuenta que el rollo del cambio es un tópico tan manido que ha perdido cualquier significado. Recientemente, en las autonómicas andaluzas, la candidata del partido que lleva más de treinta años gobernando dijo ser la persona que encarnaba el cambio en esa comunidad. Y sin ponerse colorada. Para que vean lo que dice ahora “el cambio” en política: absolutamente nada.

Izquierda Unida se hace llamar “El corazón de la izquierda” en sus carteles de publicidad electoral. Está bien para reivindicar su sitio en esa ala política ante partidos que se lo están quitando, pero dudo que tenga fuerza para animar a nadie a depositar su voto a favor de esa formación. El “Es ahora” de Podemos, en ese sentido, es más apropiado. Hasta en eso les están adelantando.

Pero el mejor, o el peor, es el del Partido Popular. “Trabajar. Hacer. Crecer.” Sin sonrojarse tampoco. Sin duda ha sido creado por un indio sioux de los que veíamos en los western de Hollywood, y no sólo por el uso abusivo de los infinitivos, sino porque sólo puede juntar en el mismo cartel el logo del PP y el verbo trabajar alguien que viva en una reserva a miles de kilómetros de España.

Cada vez que llega una campaña electoral, no puedo evitar acordarme de Adlai Stevenson, aquel político demócrata estadounidense que calificó como indignidad final del proceso democrático el hecho de que los candidatos se publiciten mediante técnicas comerciales como si fuesen cereales para el desayuno. Ni que decir tiene que el bueno de Adlai perdió las dos elecciones a las que se presentó.