Desde pequeños nos enseñan a tener consideración por los demás, y eso incluye respetar sus horarios. El problema es cuando quien maneja determinados horarios no nos respeta a nosotros.
El otro día tuve que comprar una corbata de manera urgente. Para ello me dirigí a una de las miles de tiendas que hay franquiciadas en Madrid, y que guardan bastante similitud tanto en estilo como en precio: Cortefiel, Massimo Dutti, etc.
Era consciente de la hora, y llegué a las 20:25. La tienda en cuestión anunciaba en un cartel que su horario de cierre era a las 20:30. Esa maldita hora que tiene la característica de ser tardía para los dependientes pero muy temprana para el dueño de la franquicia.