El problema de esta corriente llevada al mundo de la publicidad es que,
como no se gestione bien, puede machacar al producto durante una buena
temporada. Podremos recordar durante mucho tiempo cómo se publicitaba,
pero raro será que venga a nuestra memoria qué se publicitaba. Cierto es que, bien empleada, puede servir para que algunos anuncios pasen a formar parte de nuestro subconsciente un período mayor del que lo hace un anuncio de características más clásicas.
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jueves, 10 de enero de 2013
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Surrealismo en veinte segundos
El surrealismo es un movimiento artístico que como tal está muy bien, pero trasladado al mundo de la publicidad televisiva, donde un anuncio se suele retener en la memoria lo que tarda en empezar el siguiente, es un ejercicio, cuando menos, arriesgado.
El problema de esta corriente llevada al mundo de la publicidad es que,
como no se gestione bien, puede machacar al producto durante una buena
temporada. Podremos recordar durante mucho tiempo cómo se publicitaba,
pero raro será que venga a nuestra memoria qué se publicitaba. Cierto es que, bien empleada, puede servir para que algunos anuncios pasen a formar parte de nuestro subconsciente un período mayor del que lo hace un anuncio de características más clásicas.
El problema de esta corriente llevada al mundo de la publicidad es que,
como no se gestione bien, puede machacar al producto durante una buena
temporada. Podremos recordar durante mucho tiempo cómo se publicitaba,
pero raro será que venga a nuestra memoria qué se publicitaba. Cierto es que, bien empleada, puede servir para que algunos anuncios pasen a formar parte de nuestro subconsciente un período mayor del que lo hace un anuncio de características más clásicas.
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