
Real Madrid, el equipo blanco o los merengues. Barcelona, los blaugranas. Atléticos, los rojiblancos o colchoneros. Español, blanquiazules. Los equipos recibían su apodo por sus colores de toda la vida, y en el campo era muy fácil distinguirlos. Sólo se usaba un segundo uniforme cuando ambas equipaciones podían confundirse en el terreno de juego, como en un partido entre el Sevilla y el Sporting de Gijón, por ejemplo. Básicamente era el estandarte del equipo, su enseña.
Un clásico de toda la vida como es el Madrid-Barcelona, ha pasado de ser una batalla épica entre el equipo blanco y los blaugranas, a encontrar algo más propio de las carrozas del Orgullo Gay, con unos jugadores vestidos de camiseta rosa, otros de naranja, y donde el jugador que lleve las dos botas del mismo color es el que llama la atención.Si para colmo, el calzado es negro, claramente es un provocador por permitir tanta sobriedad.
Obviamente, todo se basa en acciones comerciales y en vender camisetas, pero vamos a mantener un mínimo respeto por los colores. Ya es suficiente con llenar el uniforme de marcas de leche o de líneas áereas. Que lo que era el equipo merengue ahora está mucho más cerca de un cupcake y los colcohoneros acabarán llamándose futoneros de líneas orientales.