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jueves, 22 de noviembre de 2012

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Terror en el hipermercado

Si la semana pasada la idea era romper una lanza en favor del pequeño comercio, hoy se trata de clavarla en el corazón de su rival: el hipermercado. Por mucho que quieran vendernos este tipo de establecimientos como lo mejor que le ha pasado al consumidor, la realidad es que sólo falta que pongan un ambientador de azufre para que sea lo más parecido a la antesala del infierno.

Como no sufrimos bastante estrés durante los días de diario, qué mejor que dar otra vuelta de tuerca los sábados en el "híper". El estrés allí generado es tal, y son tantas las trampas que encontraremos, que ahora empiezo a comprender por qué la gente va en chándal. No es por comodidad, o por una "elegancia informal". Es una cuestión de autoprotección. Al igual que el que hace boxeo emplea un protector bucal o el que va en moto se pone un casco.

jueves, 26 de julio de 2012

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Donde dije digo, digo Kevin

Que los hábitos de la sociedad española han cambiado, y mucho, lo podemos comprobar en los nombres que tenían nuestros padres, en los nuestros propios y en los que tienen nuestros hijos. 
En su momento causaron sensación los nombres de reyes godos, pasamos por la lotería del santo del día, descansamos unas décadas en la cordura de los Tomás, Fernando, Susana, Cristina y demás, para encontrarnos ahora lanzados, cual Stuka en picado, a la exclusividad autonómica, sajona, e incluso vikinga de los Unai, Kenneth y Olaf.

jueves, 28 de junio de 2012

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El dios Televisor

Hace unos días me comentaba un amigo que había contratado un decorador para su casa y que antes de hablar siquiera de dinero, lo primero que le preguntó el "diseñador visual de interiorismo urbano" era que dónde iba a ir ubicado el aparato de TV. A partir de ahí se distribuiría el resto de mobiliario, objetos de decoración, etc. El poder de influencia que ejerce semejante aparato da que pensar.

jueves, 21 de junio de 2012

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¿Por qué no nos gusta lo nuestro?

Qué curiosa contradicción la nuestra: estamos encantados con los resultados de nuestros compatriotas en motociclismo, tenis, fútbol, Fórmula Uno, etc. pero las banderas desaparecen en cuanto guardamos la pelota o se acaba la gasolina.
Por la razón que sea, parece que por principio rechazamos aquello que pueda tener reminiscencias hispanas.

miércoles, 6 de junio de 2012

4

El "caballito" de Ralph Lauren

Creo que hay cinco tipos de ropa en función de la visibilidad de la marca:
Grupo 1: la que no vemos nunca, porque es ropa de batalla que no tiene más intención que esa, y ni ganas de preocuparse por invertir en imagen (los uniformes de los colegios, por ejemplo),

Grupo 2: La que la tiene, relativamente visible, pero que no aporta mucho, ni sus creadores tienen intención de ello (caster, fórmula joven.. infinidad de ellas).

Grupo 3: La que no vemos nunca, pero la tiene, cuya intención es precisamente esa. Que no se vea. Suele tener la característica de ser cara, caer como un guante, engordar y adelgazar con nosotros y en raras ocasiones estropearse. A la larga, la más barata.

Grupo 4: La ropa de marca "temporal", como puede ser La Martina, Fumarel, Privata o Liberto en su día, etc. que de la noche a la mañana son lo último, y en un par de temporadas comienzan a heredar los hermanos pequeños, destinados a ir a contramano de la moda juvenil, la cual no acompañarán hasta cobrar sus primeras nóminas.

Y grupo 5: las prendas que llevan muchos años en el mercado, con una buena publicidad, con un público bastante amplio pero muy segmentado, y con unos precios altos, pero accesibles: Lacoste, Fred Perry, Ralph Lauren, etc. Marcas no especialmente elegantes, pero que cumplen su correcta función. Tienen su logo visible, de pequeño tamaño, y ubican a la persona dentro de un estilo determinado, que paga gustoso ropa de calidad media-alta, de colores discretos y que acepta abonar un plus por llevar un determinado "animal o cosa" bordado en su pecho.

Hasta que un día alguien rompe con el grupo 5, que tan bien ubicado estaba, y nos encontramos con unos logos que ocupan un tercio de la prenda. ¿Qué pasa aquí? ¿Qué se busca con esto? Porque, independientemente de los gustos, llevar un bordado de 30x15 cms. de un señor a caballo, elegante no es. Y discreto menos. Si esta línea la copian otras empresas, en un par de años, la gaviota de Hollister (para mí claramente en el grupo 4) pasará a ser un pterodáctilo...

¿Qué puede haber llevado a una marca como Ralph Lauren a hacer algo así? Es un modo muy rápido de pasar del grupo 5 al 4, y de ahí, si nadie lo remedia, al grupo 2.
Dentro de un par de años, cuando esta moda del "supersize" pase de largo, ¿tendremos la poca vergüenza de "colocarle" el polo a nuestro hermano pequeño? Los Caín y Abel de la moda.

En resumen, que siempre se ha dicho que la elegancia no está en una prenda, sino en las personas, y que la elegancia es discreción. A los hombres del montón, que no somos ni modelos, ni fashion victims, ni nos preocupa en exceso el mundo del diseño,  acudir a un evento y que nadie puede recordar cómo íbamos vestidos lo consideramos el súmmum de la elegancia.
Si nos atenemos a esas normas, el "caballito" actual queda muy lejos de esa elegancia, y seguro que hasta nuestros hermanos pequeños, en un par de años, pensarán lo mismo.