Desde hace unos cuantos años, hay una frase que, por desgracia, se ha convertido en habitual, siendo comodín para todo aquello que nos disgusta, pero sobre lo que no actuamos y que refleja el conformismo y la desidia actual: es lo que hay.
En los comienzos de los 2.000, uno iba ver una casa en ruinas por la que le pedían 250.000 euros y, ante nuestra indignación con el propietario, el tío se encogía de hombros y nos soltaba lo de "es lo que hay". Estudian subir la luz un 17%, algo ante lo que algunos países
pondrían el grito en el cielo, y nosotros solo nos planteamos de qué partida poder restarlo para sumarlo a la factura
de Iberdrola o Unión Fenosa. Es un robo y una vergüenza, pero mayor es nuestra sumisión, así que es lo que hay.
