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jueves, 5 de marzo de 2015

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Moda y gimnasia

Por Llorente.
Como norma doméstica no escrita, una camiseta gastada que ya no era apta para su uso habitual, antes de convertirse en trapo para limpiar la varilla del aceite del coche podía tener dos dignas salidas: como pijama o como prenda para el deporte.

Sin embargo, desde que a alguien se le ocurrió que al polideportivo había que acudir como si fuésemos los protagonistas de Fama o una mezcla estilística entre Cristiano Ronaldo y David Beckham, el uso deportivo de las prendas viejas está siendo rápidamente abandonado.

La sana costumbre de utilizar para el gimnasio la camiseta con el logo del Ahorramas que nos regalaron en la sección de charcutería, o la de aquel grupo de juventud que ya no nos ponemos porque tiene cinco agujeros y el negro parece gris claro, ha sucumbido ante el auge de esta pujante área del sector de la moda.

El primer paso para practicar un deporte ya no es inscribirse en un club o buscar equipo, sino pasar por el Decathlon o el Décimas más próximo y dejarnos nuestras primeras gotas de sudor en el pasillo eligiendo y en la caja pagando, y con la precaución de llevarnos cosas que tengan nombres molones y colores como para que nos puedan ver desde el satélite de Google Earth. No hay que ser carcas: no es lo mismo correr, montar en bici o deslomarte bailando que hacer running, biking o fitness; hay una diferencia casi clasista y eso debe notarse con sólo un vistazo al atuendo.

Desconozco si el acortamiento de la distancia entre la sala de musculación y el vestuario  se debe a la influencia de la publicidad de las marcas de ropa deportiva, al auge coincidente de los sectores de la moda y del deporte, o al triunfo del metrosexual sobre el macarra. Habrá que observar cómo van los hipsters a hacer spinning para aclarar esta última cuestión.

Si hubiese algún juez poniendo notas en función de lo fashion y glamouroso de nuestro atuendo deportivo, estoy seguro de que por la camiseta de Los Suaves con la que yo jugaba de portero y que aún recuerdan mis compañeros, no me darían más de medio punto. ¿Y a usted?