Ha habido suerte y se ha impuesto la cordura: las Olimpíadas para otros. Y es que los españoles estamos tan acostumbrados a la corrupción, a las comisiones del diez por ciento y a los concursos asignados a dedo, que nos creemos que por intentar aparentar honradez durante una semana, los demás van a picar.
Que se lleven los juegos olímpicos lejos de España tiene que hacernos felices. Ha triunfado el sentido común, y el trabajo bien hecho, sobre la avaricia, la usura y la falta de integridad. Lo que ya no da tanta alegría es que sean otros los que vengan a tirarnos de las orejas y a decirnos que antes de poner la casa en alquiler, lo mínimo no es ya enseñarla limpia sino poner puertas, ventanas, pagar los recibos de la luz y el agua y, sobre todo, saber escribir correctamente el cartel de "se alquila".
