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jueves, 20 de febrero de 2014

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Megaconstrucciones: preparar un gintonic

Un país no puede decir que está en crisis cuando uno pide un simple gintonic en un bar y le ofrecen tantos tipos de ginebra como euros le van a cobrar. Más de quince.

Ginebras que se inspiran en la mítica ruta de las especias entre Oriente y Occidente, otras elaboradas con una base de ciruelas, ginebras que emplean una mezcla de frambuesas y azúcar, ginebras de doble destilación de enebro salvaje, ginebras maduradas en bayas de endrino recogidas a mano... Podemos encontrar tantas marcas y caprichos como snobs hay en los sofás de los bares de moda.

Una vez superada la difícil decisión del espirituoso, subimos al peldaño de la tónica. No podemos ser tan antiguos de pedir Schweppes o Nordic Mist (la antigua Finley) pues seremos el hazmereir del sarao. Se trata de elegir entre tónica con jugo de limón, con membrillo, con flor de saúco, tónica elaborada con mandarina, naranja, pomelo, lima y limón o tónica inspirada en la India ocupada por los británicos.

Sedientos y atragantados por las almendras saladas, y mientras los amigos apuran el último trago de su whisky, bebida con clase y ajena a las modas, llega el final de esta perpetua cadena de montaje: elegir las especias para lo que ya se está conviertiendo en el bálsamo de Fierabrás. Toca escoger entre la aguda embocadura del gengibre, el intenso sabor de las bayas de enebro, la acidez de las cortezas de cítricos y el penetrante aroma de la pimienta negra o los frutos del bosque.

Si alguien va a pedir un gintonic al estilo moderno, es mejor que busque un cómplice que le acompañe o se encontrará bebiendo solo. Para cuando esté preparado, es posible que nuestros amigos lleven durmiendo en su casa un par de horas.