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jueves, 5 de junio de 2014

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Los perdonavidas

En más ocasiones de las que nos gustaría nos encontramos con personas a las que, hagamos lo que hagamos, parece que les debemos la vida. El problema viene cuando a esas personas las ponen de cara al público.

Todos tenemos días malos en los que maldita la gracia que nos hace estar obligados a interactuar con otras personas.  Pero cuando por motivos laborales debemos dar la cara ante los demás, tenemos que ser profesionales y guardarnos el cabreo para nosotros mismos, pues nadie tiene la culpa de nuestro malestar. Aún así, somos humanos y, como todos nos levantamos a veces con el pie cambiado, podemos ponernos en el papel del otro y perdonar.

Lo que no tiene justificación alguna es ese personaje, habitual de mostradores donde se forman colas, que día tras día es desagradable por principio con todo el mundo pero que se deshace en halagos con sus compañeros. Impresentables de doble rostro capaces de dispensar un trato vejatorio a un pobre anciano que únicamente desea entregar el borrador de Hacienda, y a la vez reír el comentario irónico y despectivo de su compañero de ventanilla hacia nuestro antecesor, al que tachan de imbécil por olvidar rellenar la casilla 35.7.4. Siniestros administrativos que demuestran su superioridad buscando con afán nuestro fallo.

Debe de ser que los que tenemos que compulsar un DNI, tramitar una transferencia, solicitar un duplicado o sellar un documento en el registro general, no merecemos de los privilegios de su sonrisa ni de su simpatía. Somos seres inferiores puestos allí para molestarles. Como decía Forges, los funcionarios saben cosas que los humanos ni sospechamos.

jueves, 6 de febrero de 2014

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Vayan pasando por esta caja

Los españolitos no hemos sido nunca de respetar las colas, pero da la impresión de que nos vamos civilizando. Y en esas estamos hasta que un aliado de Satanás pronuncia la frase que desata el infierno: "Vayan pasando por esta caja".

Con los años parece que hemos entendido que las siete personas que tenemos delante de una caja al ir a pagar no son conos a sortear, sino que, contra todo pronóstico, tienen la misma intención que nosotros: pagar por unos artículos. La vida es así de injusta. Como han llegado antes, se creen que tienen la prioridad.  Afortunadamente, eso del respeto al prójimo es para los débiles, quienes en el supermercado caerán fulminados.

Cuando la cajera de un supermercado se prepara para abrir una nueva caja, no es consciente de lo que puede llegar a crear. Alcanza niveles de semidios, de faraón, de  emperador, que la llevan a la máxima gloria al pronunciar la maldición: "Vayan pasando por esta caja".

Lo que sucede a continuación es inenarrable. Fenómenos de la naturaleza como los ríos de lava, los tifones, las estampidas de bisontes o las batallas a muerte entre rinocerontes son juegos de niños comparado con lo que en ese momento observamos. Hasta los cuatro jinetes del Apocalipsis bajan de sus caballos para reverenciar a una cajera cuando pronuncia la sentencia. Y si el "vayan pasando" va a acompañado de "en orden", el espectáculo ya entra en el género de las snuff movies.

Cuántas revoluciones se hubiesen ganado si en lugar de emplear el término ¡A las barricadas! alguien hubiese pronunciado ¡vayan pasando por esta caja!