El cine de terror es un género tan válido como otro cualquiera y para gustos los colores. Pero eso de disfrutar del desasosiego, los sobresaltos y los microinfartos mirando a la pantalla a través de la palma de la mano entreabierta, se me escapa.
¿Dónde está el placer en el miedo voluntario? Personalmente, cuando he visto alguna película de terror, el único momento que he disfrutado ha sido cuando se ha hecho de día y deja de llover, que son dos cosas muy habituales en estas películas para avisar de que te dejan respirar durante un par de minutos.
¿Dónde está el placer en el miedo voluntario? Personalmente, cuando he visto alguna película de terror, el único momento que he disfrutado ha sido cuando se ha hecho de día y deja de llover, que son dos cosas muy habituales en estas películas para avisar de que te dejan respirar durante un par de minutos.
Otro ejemplo es lo del puenting. La gracia de lanzarse al vacío desde treinta
metros sujeto a una cuerda, entiendo que consiste en que esta no se rompa y
sea el propio aventurero el que cuente la experiencia, que siempre será
más divertido a que lo tengan que contar los amigos. Obviamente, siempre es una alegría que la muerte coja un camino distinto al nuestro, pero ir corriendo detrás de ella para que no se escape...