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viernes, 20 de marzo de 2015

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Música en vivo, en directo y de fondo

Por Llorente
Si todo el mundo guarda silencio en el cine, en la ópera o en el teatro, alguna explicación habrá para que sea imposible disfrutar de determinados conciertos de música pop o rock sin el murmullo de fondo de las conversaciones fuera de lugar del público.

Quizás el motivo esté en el hecho de asistir al evento de pie, la masificación, el tener la barra cerca o sea la inevitable consecuencia de que, en el fondo, las salas de conciertos no son sino bares adaptados a las circunstancias, pero no deja de ser irritante tener al lado a un tipo que de espaldas al escenario comenta con su colega el mal partido que hizo el Madrid el domingo mientras el artista por el que ha pagado bastantes euros se deja la garganta en el micrófono. Y si no los ha pagado y va de gorra, peor aún, porque entonces estamos ante el caso del típico español que, si es gratis, acude donde sea sin importarle a qué, incapaz de tener el más mínimo respeto hacia el artista que actúa y hacia el público que lo intenta disfrutar.

En los conciertos de rock, el público en general ya se ha acostumbrado a aguantar al tontaina de la primera fila que cada quince minutos va a la barra a empujones a la ida y derramando la cerveza por las espaldas a la vuelta, o al boceras que a 30 centímetros de nuestro oído grita todas las canciones sin saberse las letras. Esos ya son parte del programa, pero lo menos que se puede pedir es que cuando el cantante agarra la acústica y entona una balada a baja luz la podamos disfrutar sin el ruido de fondo de conversaciones de gentes que, entonces nos damos cuenta, no pintan nada allí, y adivinamos que son de los que presumen de ser de los primeros en pillar entradas para U2 o AC DC antes de que se agoten. Conciertos estos que se pasarán igualmente charlando con sus acompañantes, pero de los que podrán alardear orgullosos.

Quizás sea, como he insinuado, algo vinculado a la música popular que se escucha de pie y con un grifo de cerveza al lado, pero no deja de ser una devaluación de los artistas implicados, que se convierten automáticamente en mera música de fondo para las conversaciones de tipos aburridos y maleducados.

En previsión de futuros casos, yo recomendaría a todos los grupos que para sus próximos bolos tengan preparada una buena versión de aquel tema de Kaka de Luxe que se titula "Pero qué público más tonto tengo". Por si hay que sacarla a relucir.