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jueves, 7 de mayo de 2015

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El palito de los selfies

Por Carlos T.
Después de "El valor de una fotografía" y "Hacerse un selfie" toca un nuevo capítulo que, esperemos, deje este asunto en trilogía: lo del palito de marras.

Por si queda alguien que no sepa (cosa improbable) lo que es el artefacto conocido como palo para hacer selfies, esto consiste en una vara telescópica de aluminio o similar, al que se engancha el teléfono móvil. De ese modo, al tener una especie de gadgeto-brazo podemos alejar la cámara, obtener un ángulo de mayor cobertura y hacer una foto en la que salgamos nosotros mismos disparando, junto con todos aquellos que no tengan reparo en participar de semejante ritual.

Esto tiene su utilidad para inmortalizar momentos épicos en los que todos los presentes merecen ser retratados para permanecer en nuestra retina como participantes de una hazaña. Está bien que se lo lleve Edmund Hillary su sherpa al Everest, la 101ª División Aerotransportada en el desembarco de Normandía o los rusos y americanos cuando llegaron a la Luna. Pero ¿qué falta hace un palo de esos en el Museo del Prado, con cientos de personas dispuestas a hacernos la foto con la mejor de sus sonrisas? 

Ventajas de NO hacernos la foto con el palito, y seguir el método tradicional de que nos la hagan otros:
- Entablamos conversación con desconocidos, sin un teclado de por medio.
- Es una estupenda herramienta para iniciar una sana amistad, o lo que surja.
- Practicamos idiomas.
- Recordamos lo que es pedir un favor, o que nos lo pidan, que no es nada malo.
- Aprendemos a diferenciar al bandolero del honrado antes de soltarle la cámara a un desconocido.
- Nos cuestionamos cómo va a quedar la foto de nuestro Cartier Bresson particular cuando nosotros estamos cincuenta grados a la izquierda de donde está enfocando.
- Nos deleitamos con ese desparpajo y propia iniciativa de nuestro desconocido artista con lo de "os he tirao varias, que así seguro alguna habrá quedao bien!"
- Y, sobre todo, nuestros rostros presentan unos gestos mucho más naturales que las muecas forzadas y los morritos supuestamente sensuales de quien sabe el momento exacto del disparo y su encuadre.

En resumen, que si la NASA no les dio ni a Amstrong ni a Aldrin un palito de estos para salir juntos en las imágenes lunares, es porque uno se lo hubiese metido al otro por el culo por chorras, pudiendo apoyar la cámara en cualquier lado. Lo mejor que le puede pasar al cacharro este es que lo declaren objeto peligroso en los controles de los aeropuertos y nos lo requisen para no volver a verlo jamás.

jueves, 22 de mayo de 2014

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Hacerse un selfie

Lo que hasta hace poco era el autorretrato chulo y molón de toda la vida, o lo de poner la cámara encima de una piedra e ir corriendo al grupo para salir en la foto, ha sucumbido al selfie. ¿Qué esconde Satanás bajo esta nueva tendencia?

Ya hace tiempo hablábamos de cuánto valor han perdido las fotografías en todos los aspectos a causa de las cámaras digitales, móviles, etc. y ahora damos una vuelta más de tuerca con esta nueva moda. La mayoría de estos retratos consisten en primeros planos de fosas nasales distorsionadas por el angular del objetivo, catálogos de dientes, caries y sarro, y un misterio absoluto por el lugar donde se ha tomado la imagen, pues lo más lejano que vemos es una oreja o una mano apoyada en un hombro. Sin valor, pero soportable.

Cuando la situación de los selfies ya adquiere tintes dramáticos es cuando intercede la noche y el alcohol, y donde el decoro no ha sido invitado. Aquí todo se convierte en un extenso inventario de mejillas sudorosas, lenguas blanquecinas y pastosas buscando compañía y pupilas sangrientas a causa del contraste de la oscuridad del garito y el pelotazo del flash. Documentos de gran valor científico para dentistas, oftalmólogos, otorrinos e incluso antropólogos, pero que como imagen artística o recordatorio de días de vino y rosas dejan mucho que desear.

Lo de "hacedme un hueco, que aprieto el botón y voy corriendo" o lo de pedir a un desconocido que nos haga una fotografía a un grupo de amigos tiene los días contados. Es la hora de los selfies. Con sus defectos y sus ¿virtudes?.