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jueves, 22 de noviembre de 2012

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Terror en el hipermercado

Si la semana pasada la idea era romper una lanza en favor del pequeño comercio, hoy se trata de clavarla en el corazón de su rival: el hipermercado. Por mucho que quieran vendernos este tipo de establecimientos como lo mejor que le ha pasado al consumidor, la realidad es que sólo falta que pongan un ambientador de azufre para que sea lo más parecido a la antesala del infierno.

Como no sufrimos bastante estrés durante los días de diario, qué mejor que dar otra vuelta de tuerca los sábados en el "híper". El estrés allí generado es tal, y son tantas las trampas que encontraremos, que ahora empiezo a comprender por qué la gente va en chándal. No es por comodidad, o por una "elegancia informal". Es una cuestión de autoprotección. Al igual que el que hace boxeo emplea un protector bucal o el que va en moto se pone un casco.

jueves, 18 de octubre de 2012

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Tecnología e incomunicación

Sábado, 09:30 de la mañana. Suena el despertador. Ducha y desayuno escuchando la radio.
Saco el coche del parking. Toca visita al supermercado. Entro en su garaje. Para que se levante la valla debo coger un tíquet de la máquina. 10:50. Aparco en la primera planta. Apunto en el móvil la ubicación del coche. Recibo un folleto con las ofertas de la semana y corroboro que son las mismas que había recibido en el teléfono varios días antes. Saco una moneda de 50 céntimos, fiel compañera, siempre dispuesta en el cenicero del coche para ser el alma de la fiesta en estas ocasiones. La introduzco en el carro y que este deje de ser parte de la serpiente metálica que un joven, de andar resacoso, arrastra con desinterés. 11:21.

Saco de nuevo el móvil para repasar la lista de la compra. Comienzo el desfile en busca de galletas, leche, pasta fresca, zumo de naranjas supuestamente recién exprimidas, ensalada cortada, limpiada y envasada y un kilo de melocotones que, al igual que las rodajas de salmón, están protegidos por un plástico transparente. 11:52.
Llego a la zona de aseo facial. Dudando si merece la pena el coste extra de las máquinas de cinco hojas, a mi alrededor sólo encuentro un señor de mediana edad y de densa barba. Mala referencia. Me mantengo en la seguridad de las cuatro cuchillas. Ya vendrán tiempos de peligro.

jueves, 5 de julio de 2012

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Delincuentes en el supermercado

En pleno siglo XXI, y ya bien entrado el mismo, hay dos cosas que me asombran sobremanera: 
1. Que a la gente le pidan que enseñe el bolso en la caja del supermercado.
2. Que la gente lo enseñe.
Que a una señora le digan que enseñe el bolso en la caja es lo mismo que decirle "tiene usted una pinta de ladrona que echa para atrás, y seguro que se ha llevado algo". No entiendo cómo puede un comercio permitirse semejante falta de escrúpulos y de respeto por los demás y, a la vez, tener la osadía de colgar carteles con el lema "El cliente es lo primero" o "Su satisfacción, nuestra razón de ser".