jueves, 6 de junio de 2013

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Frases para pedir limosna

Difícil trago aquel en el que, dando todo por perdido, no queda más que sentarse en el duro suelo y entregarse al prójimo suplicando unas monedas. Sin ánimo de frivolizar ante algo tan amargo, si observamos los carteles de aquellos que piden, veremos que hasta para pedir limosna hay que tener maneras.

Una leyenda clásica de los redactores publicitarios cuenta que un invidente pedía limosna acompañado de un cartel donde se leía "soy ciego" y nadie echaba ni una moneda. De repente, alguien paró, escribió sobre el cartón, y pocos minutos después comenzaron a caer monedas sin parar. Ese alguien había dado la vuelta al cartel y había escrito "ha llegado la primavera y yo no puedo verla". Todo un ejemplo de la importancia de las palabras adecuadas.

jueves, 30 de mayo de 2013

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El boli, el cordel y la caja de ahorros.

Un bolígrafo de plástico, roto, viejo, mordido y sin capuchón, atado de la manera más cutre posible a un cordel de esparto, es un fiel reflejo de lo zafios y rastreros que pueden llegar a ser los bancos y cajas de ahorros. Lugares donde, paradójicamente, más dinero se mueve.

Muchos nos quejamos de que los bancos nos engañan, de que son unos estafadores, de que no juegan limpio, pero estamos confundidos. Las entidades financieras dejan clarísimas sus intenciones desde el momento en el que nos apoyamos en el mostrador y echamos un vistazo a nuestro alrededor.

Empresas como Banco de Santander, Caixa de Cataluña o BBVA, con beneficios de más de 1.600 millones de euros en un trimestre, tienen la osadía de crear textos publicitarios como "Queremos ser tu banco" o "Tú eres la estrella" y al mismo tiempo ofrecernos un bolígrafo de plástico, en un estado deplorable, para que firmemos nuestra propia sentencia a cadena perpetua. Sentencia con grilletes y bola de 30 kgs.en forma de préstamo personal, con intereses que rozan la usura, o con condenas en forma de hipoteca a cuarenta años y un día.

jueves, 23 de mayo de 2013

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Premium y Etiqueta negra

Es tal nuestro consumismo , y el ciclo de los productos tan efímero, que buscar un nombre que sea sinónimo de calidad en el menor tiempo posible es muy complicado. Así que hay que recurrir a adjetivos que, de algún modo, estimulen el proceso.

Vega Sicilia, Chivas Regal, Sebago, Louis Vuitton, Cohibas, Omega o  BMW respiran calidad. Su fama es merecida, pues ha sido ganada a base de esfuerzo, tesón y preocupación por los detalles. El tiempo ha sido justo juez, determinando que esos artículos merecen la pena y también quien ha permitido aumentar el precio de los mismos año tras año, pues lo bueno suele ser caro, aunque a la larga no lo sea tanto.

jueves, 16 de mayo de 2013

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Los clubs de carretera

Si hay un sector que ha sabido posicionarse y ser conocido sin necesidad de invertir en grandes señalizaciones, ese es de los clubs o pubs de carretera. Algo han hecho muy bien para que no haya confusión. Ni siquiera los niños, ajenos a lo que se cuece dentro, hacen mención a parar allí, por mucho que se estén haciendo pis.
Este tipo de locales sabe que, como si fuese el juego de la ruleta de la fortuna, sólo es necesario comprar tres consonantes y una vocal: C, L, B y la U. A partir de ahí, montar un par de fluorescentes rosas y verdes, y a trabajar. Ese rótulo y esa combinación de colores deja claro que  ese no es el sitio indicado para parar a estirar las piernas con la mujer y los niños, pues de estirar las piernas ya se encargan las chicas que hay dentro.

jueves, 9 de mayo de 2013

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Museos del Jamón y Paraísos del Café.

Gran verdad es la del refrán "Dime de qué presumes y te diré de qué careces". Basta que alguien presuma de algo para que nos inspire cierta desconfianza y que, habitualmente y por desgracia, el tiempo nos acabe por dar la razón.

Un ejemplo claro, y siguiendo con esta etapa gastronómica del blog, la encontramos en aquellos sitios que en su nombre presumen de algo y que, finalmente, suele alejarse bastante de lo esperado. De nuevo caemos en eso tan peligroso que es exagerar algo, aumentando las expectativas del consumidor, quien cuando se encuentra con la realidad, inferior a lo esperado, sufre la decepción.

jueves, 2 de mayo de 2013

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El nombre de los restaurantes

Poco a poco se van perdiendo las costumbres y cambiando las modas. Una de ellas era la de llamar a los restaurantes con un nombre rimbombante, largo, y de varias palabras. Que denotase poderío y buen hacer.

Lejos quedaron aquellos días de Casa Pepe, Casa Juan, Casa Paco y demás. Poco a poco fueron cayendo en el olvido. Aquellos cuartos de baño, con una cuerda de esparto a modo de tirador de la cadena y un bote de Mistol recortado haciendo las veces de cubilete para la escobilla dejaron paso a elegantes puertas de madera y brillantes sanitarios de donde las moscas huían dando la batalla por perdida. 

Llegó la hora de acondicionar el patio trasero, que hasta entonces había sido tendedero de blancos lienzos con eternos cercos de vino, campo de juegos de perros y gatos sin collar ni microchip y garaje improvisado de triciclos y bicicletas. Todo fue sustituido por atractiva piedra de pizarra, un carro de arrastre en madera de pino y roble, tinajas de barro de 50 litros y todo tipo de aperos de labranza de principios del siglo pasado. Y se llegó a la conclusión de que toda esa exclusividad no podía convivir con términos tan comunes como Casa Manolo o Restaurante El Cruce.

jueves, 25 de abril de 2013

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Los anuncios de comida internacional

Una de las reglas de oro de la publicidad es la de transmitir credibilidad a través de los anuncios, y para ello hay que recurrir a estereotipos que resulten fiables. No tendrá el mismo resultado que nos anuncie un libro de mecánica de motos Ángel Nieto a que lo haga la ahora vapuleada Isabel Pantoja.

Particularmente, siempre me ha parecido curiosa esa búsqueda del plus de credibilidad empleando voces extranjeras para potenciar determinados productos, especialmente los de comida. Parece ser que los raviolis no tienen el mismo atractivo si los presenta un vallisoletano, en un perfecto castellano, a que lo haga alguien con acento napolitano, aunque luego sea de Villatobas o de Hornillos de Eresma. Y no digamos ya si los anuncia una italiana en toda regla, como hizo en su día Sofía Loren.

jueves, 18 de abril de 2013

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La decoración de las consultas

Ni la Tate Gallery londinense, ni el Moma neoyorquino ni el Prado Madrileño. Si uno quiere ver arte en estado puro no tiene más que acercarse a la consulta del dentista, del notario o del podólogo y regocijarse con las obras de arte que cuelgan de la pared. Y además, no nos ponen pegas para hacer fotos.

Si hay un lugar que define la palabra eclecticismo ese es cualquier pared de una consulta. Desde al abogado de mayor renombre al dermatólogo recién licenciado, todos ofrecen en sus paredes unas pinacotecas donde comparten espacio extrañas acuarelas de gaviotas sobrevolando un mar de lava, junto con una curiosa pieza de fruta pintada al óleo que juega al despiste entre melocotón, manzana y sandía. Y ambos acompañados de un retrato de un metro por metro y medio de un payaso triste, acabado, con una flor marchita entre sus manos, quien, da igual dónde nos situemos, parece seguirnos con la mirada. La inquietud que necesitamos antes de entrar a que nos hagan una endodoncia.

jueves, 11 de abril de 2013

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¿Qué ha dicho la radio?

La frase "¿qué ha dicho la radio?" fue muy habitual durante décadas. Lo que escuchásemos a través de ella nos valía. No hay más que recordar el 23 de febrero de 1981, que por algo se llamó la noche de los transistores. Pero ¿dónde ha quedado aquella radio con sus simpáticos anuncios, su información precisa y sus concursos?

La radio ya no es ni sombra de lo que era. Ahora prácticamente se basa en emisoras musicales, informativos basados en las agencias de noticias (lo que implica que todas ofrezcan la misma información), y programas nocturnos para compartir desgracias con insomnes, parados y opositores. O aburridas tertulias donde invitados de gran calibre, pseudo periodistas de la prensa rosa, dan lecciones de demagogia y recomiendan impunemente lecturas como la biografía no autorizada de Belén Esteban.

jueves, 4 de abril de 2013

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¿Merecen la pena las rebajas?

Durante los periodos de rebajas compramos artículos con un descuento relativo sobre épocas anteriores. Si echamos cuentas, no sólo monetarias, de lo que hemos dedicado a la compra de esa prenda ¿habrá merecido la pena?
Muchas veces nos quedamos únicamente con una idea en la mente: la diferencia entre el precio original del artículo y lo pagado por ello. Haciendo esta lectura, no hay duda de que somos unos águilas del consumismo, pero si rebobinamos toda la escena, quizás no ha sido tan interesante como puede parecernos. Depende del valor que le demos al dinero y al resto de las cosas.

Supuesto en época de rebajas: el primer sábado de la temporada de descuento nos levantamos temprano para ir al centro comercial en busca de una camisa rebajada un treinta por ciento. Atasco en el desvío de la autovía que da acceso a dicho centro. Todo el mundo quiere beneficiarse de las gangas. Entramos en la tienda, que ya lleva abierta una hora, y encontramos el armagedón: jerseys tirados por los mostradores con las mangas al revés, camisas con los cuellos negros, pantalones de hombre en la sección de ropa interior femenina, colas interminables en la caja y empleados desbordados que con la excusa de "voy a ver si hay en el almacén" vuelven a los diez minutos con un fuerte aliento a tabaco y cara de circunstancias. Para colmo, no queda nuestra talla de la camisa.